en favor de los alumnos



miércoles, 28 de agosto de 2013

La sembradora

La vida quiso hacerme sembradora
De la hermosa simiente del saber;
Y en el rincón humilde de mi escuela,
Cumplo a diario, feliz, con mi deber.

La vida quiso hacerme cual la fuente
Donde los niños, vengan a beber
Para nutrir su espíritu sencillo
Entre dulces caricias de mujer.

Año tras año, en mi salón de clases
Donde no hay un minuto que perder,
Se reúnen los niños a mi lado,
Con deseos infinitos de aprender.

Yo imparto cada día el abecedario
El principio, la base del saber,
¡Mañana serán fuertes mis alumnos!
¡Soldados, en las filas del deber!

Presiento que quizá cuando caduquen
Mis años que han logrado florecer,
Centenares de niños, hechos hombres,
Pensarán en las horas del ayer.

Y aunque sean unidades productoras;
sabios y artistas o genios del valer,
jamás han de negar en su apogeo,
la edad, cuando aprendieron a leer.

Esa edad de pillaje y de inconciencia;
Cuando en aras sagradas de deber,
Les doy mi juventud y mi paciencia,
Mi abnegación, mi vida y mi saber.

Y así las sembradoras del lenguaje,
A millares forjamos tanto ser,
Generación que cuesta mil fatigas,
La tarea de enseñarles a leer.

Por eso, compañeras del banquillo
A esta Patria que nos vio nacer,
A pedazos, le damos nuestra vida
Para verla más tarde florecer. 


Carmen G. Basurto

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